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Cómo adaptar la evaluación para el acceso a la universidad a los estudiantes con dislexia

09/04/2021
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Cómo adaptar la evaluación para el acceso a la universidad a los estudiantes con dislexia

09/04/2021

Beatriz Martín del Campo, Universidad de Castilla-La Mancha

Entre las diferentes comunidades autónomas españolas no existen criterios claros y consensuados para determinar cuáles son las adaptaciones necesarias para un estudiante con dislexia en bachillerato de cara a los exámenes de la Evaluación para el Acceso a la Universidad (EvAU). Encontramos desde unas instrucciones concisas con unas adaptaciones mínimas en la Comunidad de Madrid hasta las detalladas recomendaciones que ofrece la Asociación Dislexia y Familia (DISFAM) en sus protocolos PRODISLEX.

Hacer depender las adaptaciones para los exámenes de la EvAU de las llevadas a cabo por los equipos de orientación en bachillerato no tiene mucho sentido. El derecho a un acceso en igualdad de condiciones a la educación superior requiere unas adaptaciones homogéneas para todos los estudiantes con dislexia.

Es posible que en algunos casos estas adaptaciones sean percibidas como un privilegio que favorece a las personas con un diagnóstico e incluso, a veces, las propias personas con dislexia se sienten incómodas, por lo que entienden como un trato desigual con respecto a sus compañeros.

Sin embargo, estas adaptaciones, lejos de privilegiar a estas personas, aseguran su acceso en igualdad de oportunidades.

La dislexia es una dificultad específica de aprendizaje (DEA). Estas dificultades presentan condiciones neuropsicológicas que hacen que algunos aprendizajes sean más difíciles de lo normal. Estas condiciones no implican patología ni enfermedad: suponen un funcionamiento diferente y atípico.

Se consideran DEAs aquellas vinculadas al aprendizaje del lenguaje escrito, del lenguaje oral y de las matemáticas: dislexia, disgrafía, discalculia y dificultad específica de aprendizaje del lenguaje oral.

En el caso de la dislexia, el origen de las dificultades se manifiesta en unas capacidades pobres para establecer la correspondencia grafema-fonema (vincular la letra con su sonido correspondiente) y para reconocer las palabras de manera fluida y sin errores.

El problema de la comprensión lectora

Estas dificultades fonológicas y ortográficas tienen como consecuencia una lectura lenta que deriva, normalmente, en problemas de comprensión lectora. Además, los niños con dislexia también presentan algunas dificultades matemáticas, como, por ejemplo, la dificultad de recordar las tablas de multiplicar y otros hechos numéricos.

Sin embargo, hemos de tener en cuenta que las personas con dislexia no tienen ninguna dificultad para entender la lengua oral y su inteligencia oscila entre los mismos valores que los de la población sin dificultades lectoras. Tienen problemas para leer, no para aprender.

¿Por qué son necesarias las adaptaciones?

Nuestro sistema educativo está muy mediado por las competencias de lectura y escritura. Todo el conocimiento se adquiere y se evalúa a través de la lengua escrita. Los libros de texto, los cuadernos, los exámenes, los dictados, prácticamente todas las herramientas de aprendizaje están basadas en el uso de la lectura y la escritura. Esto perjudica decisivamente a las personas cuya dificultad radica, precisamente, en el uso de esta herramienta.

Craig Collison acuñó en 2012 el término “lexismo”. Al incluirlo, Collison, que en aquel momento era un estudiante de postgrado con dislexia, realizó un giro en la interpretación de esta dificultad.

Mientras que la etiqueta de dislexia hace recaer el problema del fracaso escolar en el individuo que la padece, el lexismo habla de un proceso de discriminación hacia las personas que procesan el lenguaje escrito de formas que se desvían de lo normativo.

De este modo, el peso del problema se traslada de la persona que padece la dificultad al sistema educativo que no tiene en cuenta las dificultades de un grupo minoritario, las personas con dislexia, para las que el acceso al conocimiento a través de la lengua escrita es especialmente complicado.

Las adaptaciones para las personas con dislexia hacen caer las barreras que impone el lexismo al éxito académico mediado por el sistema notacional alfabético. Los exámenes escritos son para las personas con dislexia como las escaleras y los bordillos de las aceras para una persona con diversidad motora en silla de ruedas: una barrera insalvable que les impide deambular libremente.

Hace ya más de 10 años que la Universidad de las Islas Baleares (UIB) fue pionera en la adaptación de las pruebas de acceso a la Universidad para estudiantes con dificultades específicas de aprendizaje. Llegó a un acuerdo con DISFAM (Asociación Dislexia y Familia) y, desde entonces, ya son muchas las universidades que han establecido protocolos para la adaptación de estos exámenes para que las personas con DEA puedan acceder a los estudios universitarios en igualdad de condiciones –entre otras, las universidades de Andalucía, Aragón, Castilla y León, Cataluña, Comunidad de Madrid, Comunidad Foral de Navarra y Canarias–.

Cómo ayudar a los estudiantes

En otras comunidades no existen protocolos específicos. Los equipos de orientación informan a la Universidad de las adaptaciones que estos estudiantes han tenido durante sus estudios y la universidad adopta la mismas adaptaciones.

Las adaptaciones más comunes para facilitar el desempeño de las personas con dislexia en un examen, y que figuran en la mayor parte de los protocolos elaborados por las universidades para los exámenes de la EvAU, son estas:

  • Se ofrece un tiempo extra para realizar un examen escrito. Esto permite que lean con más detenimiento y puedan usar herramientas de apoyo a la comprensión lectora y a la composición escrita.

  • Se realiza una adaptación tipográfica de los exámenes. Se recomiendan fuentes como Arial o Comic Sans.

  • También es importante que el tamaño de la letra sea entre 12 y 14 puntos y que el espaciado entre ellas, las palabras y las líneas también se aumente.

  • Se recomienda que los enunciados vayan en una sola cara de la hoja. La British Dyslexia Association tiene una guía de estilo para adaptar los textos y que sean más legibles para las personas con dislexia.

  • Las faltas de ortografía no se penalizan. La dislexia se caracteriza por una dificultad para formar representaciones ortográficas de las palabras. Por tanto, los errores de escritura son habituales en las personas con dislexia.

  • Se permite el uso de herramientas mediadoras que facilitarán la realización del examen: calculadora, tablas de multiplicar, hojas adicionales en blanco, dispositivos electrónicos para escribir, etc.

  • Se pueden ofrecer apoyos personales de lectura en voz alta de los enunciados del examen para que la persona pueda comprobar si los ha entendido correctamente.

Si hemos de evaluar los conocimientos y competencias de las personas con dislexia para acceder a la universidad en igualdad de condiciones, hemos de rebajar las aceras y poner ascensores allá donde lo necesiten.The Conversation

Beatriz Martín del Campo, Profesora Titular de Universidad. Psicología Evolutiva y de la Educación., Universidad de Castilla-La Mancha

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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